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El pasado 23 de abril, en una de las comisiones de la cámara donde participo tuvimos la fortuna de visitar una planta internacional de clase mundial, reconocida globalmente por su precisión, orden y enfoque en la mejora continua. No voy a decir su nombre, pero digamos que si alguna vez jugaste con piezas de colores en tu infancia, seguro te topaste con su trabajo. Y sí… todo era como te lo imaginas: limpio, ordenado, eficiente. Pero lo que más nos sorprendió no fue lo que vimos en piso… fue lo que escuchamos antes del recorrido.
Durante la charla de la sesión, nos explicaron cómo gestionan sus operaciones a nivel global, cómo integran equipos multidisciplinarios en distintas geografías y cómo han desarrollado célu- las especializadas para el análisis de datos. Todo parecía apuntar a una digitalización total y sofisticada.
Y entonces llegó una pregunta del grupo:
“¿Qué tipo de sensores utilizan para medir el nivel de las tolvas de alimentación en las máquinas de inyección?”
La respuesta fue simple, pero poderosa:
“No usamos sensores para eso. La integración de esa información se realiza manualmente.”
Ahí todos volteamos a vernos. Porque no veníamos a una pyme. Estábamos en una de las plantas más avanzadas del mundo. Creo que la mayoría esperábamos que todo estuviera conectado a sensores y automatización, escuchar eso en una planta de clase mundial fue un llamado de atención.
Nos compartieron que hace una década operaban con Excel y Access, y hoy tienen plataformas que integran datos en tiempo real con inteligencia de negocios para la toma de decisiones estratégicas. Todo está digitalizado, los procesos están estandarizados… pero no todo está automatizado. ¿Por qué? Porque automatizar todo no necesariamente tiene sentido para su negocio. Y ahí está la clave: no siguen una moda, siguen una lógica. Evalúan cuidadosamente en qué vale la pena invertir. Porque invertir en tecnología sin una justificación de negocio sólida, sobre todo basada en la necesidad del cliente. Y en lo personal caí en la cuenta de que la automatización total puede convertirse más en un lujo que en una ventaja. Si lo vemos con objetividad, no se trata de tener lo último; se trata de tener lo necesario. Y eso lo decide el negocio. No se digitaliza por tendencia, se digitaliza por impacto.
Muchas veces, cuando hablamos de Industria 4.0, pensamos en robots, pantallas táctiles, líneas automatizadas y sensores por todas partes. En esta planta, no se corre detrás del concepto de Industria 4.0 como si fuera una medalla. Se apuesta por integrar tecnología cuando esta contribuye al negocio. Nada más, pero tampoco nada menos. Tienen claro que es más importante alinear cómo toman decisiones y para eso deben confiar en su gente a quienes preparan constantemente. Los entrenan para que aprendan a usar la tecnología como herramienta, no como adorno.
Todo el personal tiene claro que no se trata de llenar todo de sensores y sistemas autónomos; sino de entender lo que el negocio necesita.
Y creo que de este aprendizaje puedo compartirte cuatro ideas que cualquier empresa puede aplicar.
1. Digitaliza con sentido. Que la tecnología sirva a tu estrategia, no al revés.
2. Escucha a tu gente. Ellos saben dónde se necesita ayuda.
3. Tus clientes mandan. Si lo que haces ya genera valor, no lo alteres solo por presión externa o las últimas tendencias.
4. Invertir menos, pero mejor. La verdadera innovación está en saber cuándo decir “todavía no”; pregúntate: ¿esto lo pide mi cliente, o lo pide mi ego
Hoy en día muchas empresas sienten la urgencia de automatizar todo, subirse al barco de la Industria 4.0 a toda costa, sin preguntarse si realmente lo necesitan. La visita a esta planta nos recordó que la madurez no se mide por la cantidad de sensores, sino por la claridad con la que se toman decisiones.
Y esto no es exclusivo de las grandes compañías. Las PYMEs también pueden aspirar a esa madurez. No se trata de tener los sistemas más costosos ni los robots más sofisticados. Se trata de entender el negocio, estandarizar lo esencial, digitalizar lo útil y decidir con propósito.
Eso sí: no lo intenten solas. En la cámara existen muchos espacios, herramientas y personas que pueden acompañarlas en ese camino.
Desde mi trinchera he comprobado muchísimas veces cómo la colaboración, la mentoría y el acompañamiento adecuado pueden hacer una diferencia real. Vaya, lo experimenté en carne propia en el 2018 cuando estaba frente a una pyme y el CCM me ayudó a llevar la empresa al siguiente nivel.
No hay empresa demasiado pequeña para empezar a transformarse, ni demasiado grande para dejar de aprender. Y que lo verdaderamente estratégico no es correr hacia la automatización total… es avanzar cuando tenga sentido.
Por Cesár González. Especialista en Excelencia Operativa