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“¿Por qué allá sí funciona y aquí no?” Fue una de esas preguntas que no vienen del temario, pero cambian la conversación. Estábamos en la Master Class de 5S que impartí el pasado agosto. Precisamente estábamos mostrando las fotos del último mundial de fútbol que se jugó en Qatar.
Pero eran las imágenes después de los juegos de Japón, donde se veían a los japoneses recogiendo la basura del estadio después del partido. Nadie se los pedía. Lo hacían como si fuera parte natural de ir al estadio.
Después pasamos a otro video. Esta vez del Estadio Azteca. La famosa ola, la emoción en las gradas … les pregunté si sabían de algún método descrito o algún libro que pudiera enseñarle a los extranjeros en como organizar una ola.
Porque al final de cuentas eso fue lo que hicieron los japoneses cuando el mundo occidental les preguntaba lo que hacían para mantener todo en orden. De esas preguntas en los años ochenta salieron un par de libros describiendo el “método” de 5S.
Después de eso vimos imágenes de varios estadios nacionales, pero de esa parte que no sale en el marketing, en la TV o en las redes.. lo que dejamos después de cada partido, restos de comida, botellas, papeles.
Y ahí surgió el contraste.
En la clase no solo hablamos de cómo aplicar las 5S, sino de por qué nos cuesta tanto sostenerlas… Porque técnicas sobran.
Lo que falta muchas veces es lo que no se ve en los procedimientos: el sentido de pertenencia, el respeto por el espacio compartido, la decisión de cuidar aunque nadie esté mirando.
Las 5S no son difíciles de entender. Lo difícil es convertirlas en hábito cuando la cultura empuja hacia el “con que se vea bien, basta”
He visto muchos casos en las empresas donde se hacen implementaciones temporales de 5S, ya sea porque se avecina una visita, una auditoria pero hay veces que parece como si fuera una moda que retoma popularidad, “Ya empezaron otra vez con sus 5S” se escucha de fondo en radio-pasillo.
En todos los casos aplica el mismo protocolo, “cursos intensivos” de la metodología donde vuelven a ver las mismas técnicas, pancartas con slogans “motivaciones” y auditorías cruzadas que inician generando fricciones entre áreas y terminan siendo ignoradas por todos al pasar de la tercera semana.
El problema no es el método. Las 5S tienen sentido. Funcionan. Están bien diseñadas.
Pero un método sin cultura es como ser experto en aerodinámica… y tener miedo a volar.
Puedes conocer todos los principios, tener gráficas, simulaciones, argumentos … pero si no confías en el sistema, no te subes al avión.
Lo mismo pasa en las empresas. Hay quienes conocen las 5S de memoria: saben separar, ordenar, limpiar, estandarizar… pero no lo viven.
No porque no puedan, sino porque no lo creen necesario.
Porque su entorno no lo refuerza. Porque no hay una cultura que premie la constancia, que corrija cuando se relaja el estándar, que celebre cuando algo mejora.
Por eso, muchos proyectos de orden se quedan en talleres y no en la rutina diaria. Porque hay técnica, pero no hay confianza. Porque hay reglas, pero no hay ejemplo.
La práctica en el AMC2 nos dejó claro que las 5S no son solo para tener espacios más bonitos. Son para trabajar mejor.
Para evitar que el caos se vuelva costumbre. Para que el tiempo no se pierda buscando herramientas, apagando fuegos o resolviendo lo mismo por quinta vez.
Pero nada de eso pasa si solo lo vemos como una técnica. El cambio no ocurre cuando alguien da el curso. Ocurre cuando dejamos de tolerar el desorden disfrazado de rutina. Cuando alguien se detiene y dice: esto puede estar mejor, y hace algo al respecto.
Por eso, más allá de enseñar el método, esta Master Class buscó provocar una pregunta más profunda:
Porque las 5S no son difíciles. Lo difícil es aplicarlas cuando nadie ve. Lo difícil es sostenerlas cuando pasa la moda. Lo difícil es que no sean solo líneas en el piso, sino un reflejo de cómo elegimos trabajar juntos.
Y ahí está la verdadera transformación … No en el método, sino en las personas que deciden vivirlo.
Pero vivirlo no significa saberlo. Significa sostenerlo. Exigirlo. Enseñarlo con el ejemplo. Y si de verdad queremos saber si una cultura permite que las 5S se sostengan, las preguntas cambian:
• ¿El orden es un estándar… o es un acto de resistencia individual?
• ¿Quién pone el ejemplo cuando nadie lo exige?
• ¿Qué pasa cuando alguien rompe una regla menor: se corrige o se ignora?
• ¿A quién se reconoce más: al que mantiene el orden o al que “saca el trabajo como sea” ?
• ¿Las áreas cuidan su espacio porque creen en ello… o porque viene auditoría?
• ¿Se estandariza para mejorar … o para evitar regaños?
La cultura no se mide por lo que se predica en los pasillos. Se mide por lo que se tolera en lo cotidiano. Y en eso, las 5S no mienten: revelan lo que somos … aunque no lo digamos.
¡Hasta la próxima!
Por César González Islas. Especialista en Excelencia Operativa.